De paseo por el museeo del cine revisité hace un rato esta joya de todos los tiempos. La obra está articulada en doce episodios que giran como una calesita en torno a la figura de Ana, una mujer que cambia de piel para ser actriz primero y prostituta después. Pero...claro, la historia la cuenta Godart y allí reside el atractivo primero y último.Quienes conocen la obra de este francés, podrán notar como las conclusiones cinematográficas obtenidas (y muy festejadas) en su "a bout de souffle", crecen y se profundizan, mostrando de manera relajada y sin abrir ningún tipo de juicio histérico, la forma en que esta mujer acaba en ese oficio, arrastrada por el contexto del mundo del dinero, la alienación y sus reglas.
La cotidianeidad, la manera fresca y desnuda con la que el director se acerca a la vida de Ana, hace que los melodramas realizados sobre este mismo tema y vistos millones de veces antes y después, sean más cursis aún. Los planos son vivos, la luz de los ambientes es crítica y sana, pero Godart no denuncia nada porque de alguna manera sabe que su obra es revolucionaria y esa modestia sofisticada nos lleva hacia el centro del drama de forma sencilla, única y sobre todo, verdadera.
Es un experto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario