martes, 10 de agosto de 2010

Vivre sa vie (Jean-Luc Godart)


De paseo por el museeo del cine revisité hace un rato esta joya de todos los tiempos. La obra está articulada en doce episodios que giran como una calesita en torno a la figura de Ana, una mujer que cambia de piel para ser actriz primero y prostituta después. Pero...claro, la historia la cuenta Godart y allí reside el atractivo primero y último.Quienes conocen la obra de este francés, podrán notar como las conclusiones cinematográficas obtenidas (y muy festejadas) en su "a bout de souffle", crecen y se profundizan, mostrando de manera relajada y sin abrir ningún tipo de juicio histérico, la forma en que esta mujer acaba en ese oficio, arrastrada por el contexto del mundo del dinero, la alienación y sus reglas.

La cotidianeidad, la manera fresca y desnuda con la que el director se acerca a la vida de Ana, hace que los melodramas realizados sobre este mismo tema y vistos millones de veces antes y después,  sean más cursis aún. Los planos son vivos, la luz de los ambientes es crítica y sana, pero Godart no denuncia nada porque de alguna manera sabe que su obra es revolucionaria y esa modestia sofisticada nos lleva hacia el centro del drama de forma sencilla, única y sobre todo, verdadera.

Es un experto.

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